Energía solar, bendición para escuelas rurales

Foto: EPM

Energía solar, bendición para escuelas rurales

16 de Septiembre del 2017

Con sus ojos negros bien abiertos y una sonrisa tímida, Danna Julieth intenta explicar qué es el artefacto que instalaron en su escuela para surtir de energía la cocina y dos salones de clase. Dice, con una voz casi imperceptible, que se trata de un aparato que sirve para recolectar la luz del sol.

Su respuesta es inocente y básicamente correcta. Danna es una de las 1.100 estudiantes que se beneficia de un proyecto que busca favorecer a 11 escuelas rurales en Antioquia con un proyecto de páneles solares que suplirán las intermitencias en el servicio que se presentan por estar ubicadas en zonas alejadas de la región.

Tan alejadas e inaccesibles como la institución en la que estudia la pequeña de ocho años. Tras un viaje de más de una hora en carro desde el Edificio Inteligente de EPM, de ellos cerca de 20 minutos por una vía que más parece una trocha que una calle, y subir 150 escalas, es posible ver la edificación de la Institución Educativa León XIII, que acoge por cobertura a los niños que viven en el sector Altos de Oriente, de la vereda Granizal de Bello. 

Del proyecto forman parte la Universidad de Antioquia, Empresas Públicas de Medellín, Ruta N y dos empresas que se vincularon con el suministro de los insumos tecnológicos: Sumicol y Andercol. Y las demás escuelas beneficiadas se encuentran en Carepa, en Urabá, y Caucasia, en el Bajo Cauca antioqueño.  

Foto: EPM

¿Cómo funciona?

Si el parque de Berrío, en pleno centro de Medellín, está a 1.550 metros de altura sobre el nivel del mar, el colegio de Danna está a 2.250, y la potencia que pueden absorber los páneles alcanza 1.230 voltios por hora. 

Según explica a Kienyke.com Esteban Velilla, investigador de la Universidad de Antioquia, las celdas fotovoltaicas (cuatro en total) son capaces de transformar el 15 o 16 por ciento de la energía que les llega. Por eso, los estimados de producción permiten inferir que producirán 150 kilovatios hora de energía eléctrica al mes. Lo suficiente para abastecer una casa en un estrato tres durante un mes. 

A diferencia de las tecnologías comerciales, los páneles solares instalados cuentan con un sistema de monitoreo remoto desarrollado por los investigadores de la U. de A. que permite hacer los análisis del funcionamiento de cada estructura a través de internet y una base de datos central.

Con la información recopilada, los investigadores podrán definir las pautas de mantenimiento de los paneles y el desgaste por factores externos como el clima, sin necesidad de visitarlos.

Los beneficios

Juliana Maya es una de las siete docentes que día a día se trasladan desde sus hogares hasta la escuela para ejercer su labor. Para ella, implica un recorrido de dos horas y cinco transportes que con todo gusto hace, aunque se tenga que levantar a las 4 a.m. para estar al frente de sus estudiantes a las 7:30 de la mañana. 

Para esta mujer, los paneles solares significan progreso y “un beneficio muy grande para los niños y toda la comunidad”.

Debido a la intermitencia energética, la comida destinada para la alimentación de los pequeños se dañaba con mucha frecuencia. Especialmente los lácteos y las carnes que requerían permanente refrigeración. 

Con la luz del sol que es aprovechada gracias al proyecto, a la cocinera ya le toca poner a descongelar los productos, porque la energía solar es aprovechada para alimentar la cocina, donde está el refrigerador, y dos aulas, en las que estudian los niños que cursan tercero, cuarto, quinto, noveno, décimo y once. 

Foto: EPM

El conocimiento al servicio de la gente

Jorge Londoño de la Cuesta, gerente de Epm, asegura que este programa interinstitucional busca es que las escuelas que no tienen acceso al servicio de energía la puedan tener por medio de celdas fotovoltaicas. 

“Tenemos el propósito que al año 2025 el 100% de los ciudadanos tengan servicio eléctrico”, afirma a este medio. 

Por su parte, el rector de la U. de A., Mauricio Alviar, reconoce el gran aporte que tiene este proyecto para el bienestar de la comunidad. 

“Lo que se pretende es que el conocimiento que desarrolla la Universidad y todo el sistema involucrado en innovación, ciencia y tecnología se ponga al servicio de resolverle problemas a la sociedad y al sector productivo. Y esto estamos haciendo con esta iniciativa”, comenta.   

Mientras los niños juegan alrededor de la estructura en donde están instalados los páneles y se familiarizan con una tecnología para ellos desconocida, es posible notar cómo un pequeño aporte se magnifica al ver las condiciones de vida que hay en la zona. 

La rectora de la institución, Ana Liboria Ramos, los describe con algo de detalle. La vereda Granizal tiene siete sectores y aloja una población de 26.000 personas con grandes cualidades humanas pero que viven en difíciles condiciones.

Allí no solo hay problemas con las vías de acceso, sino con el servicio de acueducto, alcantarillado, el desempleo y la falta de oportunidades.

Sin embargo, concluye, “un proyecto tan lindo como este, permite cruzar el umbral hacia una nueva calidad de vida”.

Y parafraseando el poema Futuro de Porficio Barba Jacob, afirma: “Somos una llama al viento y el viento no nos apagó porque vamos en la construcción hacia una nueva sociedad con el soporte de la tecnología fotovoltaica”.