Tocando las fibras de la cultura paisa

21 de Octubre del 2018

Después de revisar cuáles eran los destinos de Colombia que aún no conocía, el que más llamó mi atención fue Medellín por su variedad de lugares turísticos y precios asequibles. Sin pensarlo dos veces y sin saber si iría solo o acompañado en esta aventura, compré los tiquetes rumbo a la ‘ciudad de la eterna primavera’.

No sabía qué planes hacer o qué sitios conocer pero no me preocupé, simplemente me sentí emocionado de saber que viajaría a un lugar desconocido. Después de casi dos meses y de preguntarle en reiteradas ocasiones a mis familiares y amigos cercanos (que ya conocían la ciudad) de los lugares que me recomendaban conocer, sólo me quedaba alistar las maletas y coger rumbo hacia esta ciudad.

Al llegar, inmediatamente sentí ese cambio de altura y clima, como cuando uno sabe que llega a tierra caliente, aunque lo que más me sorprendió fue toda la vegetación que había desde el aeropuerto hasta Medellín. Fue en ese momento, que me dí cuenta por qué también recibe el sobrenombre de la ‘ciudad de las flores’.

Eran alrededor de las ocho de la mañana, cuando el transporte público que había tomado en el aeropuerto, me llevó hasta San Diego. A estas alturas, aún no sabía qué hacer en mi primer día en esta ciudad. Lo único que se me ocurrió en el momento fue preguntar a los transeúntes de la zona, allí pude notar la amabilidad con los turistas.

Después de varias consultas, utilicé mi dispositivo móvil para intentar ubicarme dentro de la región. El primer destino escogido fue el Estadio Atanasio Girardot. Comencé a caminar pensando simplemente en recorrer toda la ciudad y conocer de su cultura.

Mientras caminaba, pude observar a lo lejos el Metro de Medellín. Tengo que confesar que cuando lo vi, sentí la misma sensación que tuve al ver el mar por primera vez, simplemente me quedé sin palabras, con ganas de salir corriendo hacía el y conocerlo de cerca. Sin embargo, decidí primero terminar con el destino que ya había programado.

Estadio Atanasio Girardot

Una vez que llegué al estadio, tuve la oportunidad de realizar un recorrido guiado, nuevamente confirmé la generosidad de las personas que residen en la capital antioqueña. Carolina fue la encargada de darnos a conocer a un grupo de jóvenes futbolistas provenientes de la ciudad de Bucaramanga y a mi, la historia, los camerinos y hasta la grama de aquel lugar que vio ganar a Atlético Nacional la Copa Libertadores de América en el 2016.

De acuerdo con el relato de Carolina, la estructura del estadio simboliza las montañas que rodean a la capital mientras que sus coloridas sillas, la diversidad de flores que se encuentran en el departamento. Esta experiencia fue bastante significativa.

Atanasio

Gramilla del Estadio Atanasio Girardot – Foto: Felipe Gómez.

Pueblito Paisa

Una vez hice el check in en el hotel, decidí ir al Cerro Nutibara, una montaña dentro de la ciudad que se encuentra ubicada en la mitad de varias edificaciones. En lo más alto del cerro se encuentra el reconocido ‘Pueblito Paisa’, un lugar que tiene las edificaciones más tradicionales que existían en el siglo pasado.

Sus ochenta metros por encima de la ciudad hacen que se pueda divisar en su totalidad la moderna Medellin. Además, es un lugar que en fechas especiales como navidad, se convierte en uno de los atractivos turísticos más importantes del departamento.

Pueblito Paisa

Casona tradicional de los antioqueños – Foto: Felipe Gómez

Peñol

Al segundo día, decidí contratar un tour para ir a conocer el mejor mirador del mundo, La Piedra del Peñol, ubicada en el municipio de Guatapé. El Peñol es un pueblo cargado de misticismo, de acuerdo con pobladores de la zona, fue destruido y llenado de agua para la construcción de una represa. Incluso, en la mitad del agua se puede divisar la cruz que tenía la anterior iglesia.

Peñol

Iglesia ubicada en el Peñol – Foto: Felipe Gómez.

Piedra del Peñol

Esta piedra es un símbolo importante para toda la comunidad del sector, de igual forma es uno de los atractivos turísticos que más se visitan. Con una altura de 220 metros por afuera del agua y un poco más de 600 por debajo de ella, hacen que cualquier persona quiera subirse al que es considerado como “el mejor mirador del mundo”. Fue fundada por Luis Eduardo Villegas López y consta de un total de 656 escalones para llegar a la cima. Allí, fue inevitable no comer una bandeja paisa y disfrutar de una maravillosa vista.

Guatapé

Almuerzo típico antioqueño – Foto: Felipe Gómez

Guatapé

Este fue el último destino que visité, el famoso pueblo conocido por ser el más colorido en toda Colombia. Cada una de sus viviendas cuenta con un diferente color y con zócalos diferentes, cada uno de estos cuentan historias de como eran la relaciones familiares o del sostenimiento económico de las familias. Cada rincón de este pueblo tiene una historia que contar y es emocionante detallarse en cada una de las fachadas de las casas.

Guatapé

La calle de los recuerdos, Guatapé – Foto: Felipe Gómez

Aquí es cuando el viaje llega a su fin, sentía querer quedarme un poco más, pues aún faltaba bastante por conocer y aprender. Sin embargo, quedé totalmente satisfecho por cada una de los sitios a los que tuve oportunidad de ir. Lo último que me queda por decir es: ¡muchas gracias Medellín, estoy seguro que nos volveremos a ver!