En el WhatsApp de un grupo de zoofílicos

En el WhatsApp de un grupo de zoofílicos

1 de febrero del 2017

Las ansias y los deseos más oscuros impulsaron a Samuel* a tener ese primer encuentro sexual. Para lograrlo inventó una excusa, se escondió con él en una zona apartada de la finca y pensó en las imágenes que noches atrás había visto en Internet. Su mirada inocente no lo cohibió, y aunque tuvo miedo de que los descubrieran, su libido pudo más, así que no le dio vueltas al asunto y lo hizo. Fue placentero. Terminó cansado y saciado como otras veces, pero ahora era diferente, era un secreto, una inclinación prohibida que pronto se convertiría en una obsesión, para algunos una aberración más conocida como zoofilia. 

Lea también: Lleva 40 años viviendo del porno sin quitarse la ropa

“Soy hombre heterosexual. Me gustan muchísimo las mujeres pero en mi curiosidad he sido homosexual, por así decirlo, con perros”. Así se describe este hombre de 35 años, quien aunque ha tenido parejas estables, sostiene encuentros íntimos con los animales de sus vecinos o conocidos cada vez que puede.

En Colombia este tema se balancea entre lo legal y lo ilegal, entre lo moral y lo tradicional. Si bien en algunas regiones las relaciones sexuales entre animales y humanos han sido heredadas y consideradas típicas, expertos lo definen como una parafilia, un comportamiento en el que la fuente de placer se halla en objetos, situaciones o actividades inusuales.

“Si se analiza desde el punto de vista humano o psicológico, es una distorsión completa de la conducta humana, incluso cuando hace parte de la cultura. Por ejemplo, puede que robar y ser corrupto sea tradición en el país, pero no por eso tiene que ser normal”, explicó a KienyKe.com, Álvaro Romero, profesor de Psiquiatría de la Universidad de la Sabana.

Una red virtual de zoofilia

La dificultad en el control de los impulsos, el interés por la novedad, la búsqueda de riesgo, el gusto por otras parafilias e incluso la falta de educación sexual son algunas de las características de quienes se inclinan por la zoofilia. Según dice el médico Romero, estas personas “nunca verán su comportamiento como algo extraño y muchas veces también son proclives al consumo de sustancias psicoactivas y a ejercer conductas violentas“. Es el caso de Samuel* y muchos otros adictos.

Le puede interesar: El sexo con animales no es mito, es una realidad

En el WhatsApp de un grupo de zoofílicos

Aunque confiesa que le teme a posibles implicaciones legales, quizás por los avances de la ley contra el maltrato animal en Colombia, hace parte de un grupo de WhatsApp que día a día alimenta su morbo.

KienyKe.com tuvo acceso a esta red virtual, en la que al menos 100 personas de diferentes países de América Latina, entre ellos varios colombianos, comparten videos, fotos, relatos y hasta manuales relacionados con zoofilia.

zoofilia-p

“Guía de consejos reales para un correcto, seguro y placentero apareamiento. No tocaremos el aspecto moral o sentimental, ese será otro tema, aquí partiremos del deseo carnal y de conocer esta experiencia de la mejor manera”, advierte uno de los mensajes en el grupo, acompañado de un documento de cinco páginas que recomienda razas de perros, medidas preventivas de salud y aclara dudas tanto para hombres como para mujeres.

Lea aquí: Ocho casos indignantes de maltrato animal

Contrastando a médicos y a defensores de los animales, los miembros de esta red afirman que la zoofilia no es un trastorno. Dicen que es un acto para “probar experiencias”; claro está, manteniendo una doble vida y buscando, como lo sostiene el profesor de psiquiatría de la Universidad de la Sabana, más riesgo y novedad.

Así lo puntualiza Gustavo*, uno de los administradores colombianos de este grupo, que aunque tiene 49 años, es casado y nunca la ha practicado, es adicto a la pornografía con animales.

“No es una enfermedad, es una práctica antigua que se ha hecho tabú. Pero hay mucha gente, en especial mujeres que lo disfrutan”.

Más allá de la obsesión

Aunque la psiquiatría considera que la zoofilia no es una enfermedad debido a que no existe un tratamiento específico para tratarlo como en el caso de la bipolaridad o la depresión, para el docente Álvaro Romero se trata de una conducta que puede ocasionar daños importantes en quien la realiza, más que físicos, mentales.

“En cuanto a lo físico pueden presentarse infecciones, pero el compromiso es más psicológico: Distorsiona completamente la individualidad, termina haciéndole daño a quien lo hace y provoca un daño humano a la legitimidad de la sexualidad en pareja”, enfatiza.

Pese a las advertencias de expertos como Romero y a las campañas que adelantan organizaciones animalistas, parece que la práctica de la zoofilia, en Colombia y otros países de la región, es más común de lo que se podría creer. Mientras las autoridades destapan unos cuantos de estos episodios que terminan por indignar al ciudadano de a pie, personas como Samuel y Gustavo le seguirán dando rienda suelta a sus aberrantes deseos.

En 2016 el mundo se consternó con la decisión del Tribunal Supremo de Canadá de legalizar la zoofilia o el sexo con animales. Ese país lo permite siempre y cuando no haya penetración ni ningún tipo de maltrato. Entre tanto, en naciones como Suecia, Alemania, Gran Bretaña, Francia, Suiza, Etiopía, Zambia, India y algunos estados de Estados Unidos está totalmente prohibido.

 *Nombres cambiados para proteger la identidad de la fuente