La literatura y el orgasmo

La literatura y el orgasmo

30 de Enero del 2017

Santiago Gamboa es uno de los escritores más importantes hoy en Colombia. Su pluma es un viaje afrodisiaco que descubre al ser humano y, sobre todo, al viajero.

Sus libros son un aliciente y un refugio, sus letras un amigo fiel que no abandona y del que uno quisiera nunca separarse, sus historias un océano de emoción y de nostalgia y él es, entre otras grandes cosas, un ejemplo, un camino, una meta.

El primer libro de Gamboa que llegó a mi vida, fue los impostores, por un regalo de cumpleaños de un gran amigo que, estoy seguro, dentro de poco estará haciendo lanzamientos con las grandes editoriales y firmando autógrafos en las portadas de sus ejemplares.

Desde entonces no he podido parar. Cada página es un mar de adrenalina y de misterio que causa una sensación incomparable y temerosamente adictiva. Eso es, los libros de Gamboa son una droga y de las peores.

Estudió literatura en la Universidad Javeriana y a los 19 años se fue a Madrid. A partir de allí, entiendo, empezó a comprender la vida misma del migrante que es tan dura pero tan apasionante. Se convirtió en un Ulises, en un Cabral y todo aquello que vivió, lo narró. Esa es mi opinión. Sus novelas tienen ciertas historias fantasiosas, pero el grueso de sus letras son las más reales vivencias.

Esta es una entrevista, a propósito del Hay Festival en Cartagena, con el escritor que de seguro, ha enamorado las almas de miles de ávidos lectores alrededor del mundo.

-En Colombia, según el DANE, las personas mayores de 12 años leen 4,3 libros al año y el 66% de los encuestados dijeron leer redes sociales o blogs en el internet. ¿Para usted cuál es la razón de que se lea tan poco?

 Vamos por partes. La literatura siempre ha sido minoritaria. Desde el punto de vista de lo que es la totalidad de la población de un país, siempre se ha leído poco, sin embargo hay países que tienen cifras mucho más altas. Pero a eso tenemos que sumar que Colombia ha tenido una situación de subdesarrollo en la educación y de falta de oportunidades para la mayoría de la población, entonces para mi ya es un milagro que se lea algo. Yo pienso que la política cultural en los últimos años ha sido correcta, la creación de grandes bibliotecas ha dado resultado y se está subiendo las cifras de lectura en Colombia. Pero para entender ese fenómeno hay que asimilar una situación global y es que en el mundo se lee cada vez menos libros. Se lee en otros formatos y hay que entender que la gente lee a través de sus celulares o en sus computadores, pero generalmente la gente no tiene la sensación de haber leído un libro cuando lo hacen así.

Volver al oscuro valle, su último libro tiene un valor en el mercado de $52.000 pesos. ¿Usted cree que otro de los factores puede ser el precio de los libros en el país?

 Efectivamente los libros tienen un precio alto, no en los estándares internacionales porque $52.000 pesos son más o menos 16 dólares y ese es el estándar internacional de un libro en tapa normal y de las dimensiones correctas. Pero el problema es que esa plata es mucha plata para muchísima gente en Colombia cuando estamos hablando de un salario mínimo que ligeramente supera los $700.000 pesos. Por otro lado el hecho de que Colombia sea un mercado pequeño para literatura no está estrictamente relacionado solo con el precio de los libros porque muchísima gente que tiene los medios y que perfectamente puede comprar libros no los compra, y no lo hace porque no tienen el hábito de comprar libros. No está en sus prácticas de consumo y cuando les parece bueno un ejemplar le dicen a sus cercanos “cuando lo termines me lo prestas”. Y hay mucha gente que se queja por los $50.000 pesos que cuesta un libro pero no duda dos segundos en gastar $200.000 pesos en una pañoleta. Entonces es una cuestión de hábitos. Pero para equilibrar esa desigualdad están las bibliotecas. Es importante que los bibliotecarios sean rápidos y estén permanentemente actualizando las novedades para sus lectores.

-¿Cómo le sirve a los jóvenes con deseo de convertirse en escritores este tipo de eventos como el Hay Festival?

 Yo creo que para un joven, ir a un conversatorio de escritores que ha leído y admira es una oportunidad espectacular. Cuando yo era joven estas cosas no existían. La primera vez que yo vi a un escritor fue en España cuando me fui a los 19 años para Madrid, y recuerdo que una vez en un auditorio de la Universidad se presentaba Carlos Fuentes y casi me desmayo cuando me di cuenta que yo podía acceder a un conversatorio con Carlos Fuentes, levantar la mano y hacerle una pregunta, escucharlo hablar de su proceso creativo, de sus intereses, de sus lecturas. Yo en España era asiduo visitante de todas las conferencias de escritores y a los 21 años ya había escuchado hablar a Mario Vargas Llosa, Octavio Paz, Augusto Monteroso, Juan Goytisolo, es decir, a todos los escritores latinoamericanos que pasaban por Madrid. Eso en Colombia en esos años no existía y era importantísimo escuchar a los escritores de viva voz y sobre todo porque humanizaba y convertía a la literatura en algo más alcanzable.

-¿Cuál es el consejo para los jóvenes que sueñan ser escritores y que quizá, como usted narra en sus libros de si mismo, viven ahora en adversidades y no la tienen fácil?

 El mundo de la literatura y de la escritura es un mundo difícil, complicado y lleno de injusticias. Es un mundo que está lleno de golpes, porque uno cuando escribe está tocando fibras muy íntimas ante las cuales, los demás no necesariamente son receptivos. Hay que ser muy fuerte y tener casi una piel de armadillo, pero vale la pena porque nadie se mete a escribir sino es por un gran amor a la literatura, por haber descubierto en la literatura su propio mundo y eso implica aceptar casi cualquier sacrificio. Si uno puede no escribir y vivir sin escribir yo recomiendo que vivan sin escribir. Si uno puede no hacerlo es mejor no hacerlo, pero si siente que no puede y que lo debe hacer, pues no le queda otro destino que ese. La literatura es una pelea perdida, a veces hay reconocimiento, pero al final de todo siempre es una batalla perdida, pero es una batalla que los que amamos la literatura salimos a darla porque es nuestra vida, nuestros anhelos, porque queremos encontrar algo que nos de una respuesta a muchas de las preguntas que tenemos y eso nos lo da la literatura. Por eso el joven escritor no debe preocuparse, porque si continúa, su propio metabolismo le irá dando las defensas para resistir un mundo en el que no hay reglas, ni antigüedad, ni justicia. Pero es así porque depende del gusto de los demás, y cuando uno depende de eso tan extraño y tan misterioso que son los demás, no hay nada que hacer. Pero si el joven escritor no puede vivir sin escribir, pues está fregado y tiene que escribir.

-Al final de su libro El síndrome de Ulises a uno le queda una sensación de impotencia y de cierta indignación en el buen sentido porque no se sabe con quien se queda el protagonista. ¿Victoria o …?

 Esa pregunta me la han hecho varias veces e inclusive varias mujeres y yo siempre les he dicho, “¿ustedes qué opinan? Conociendo al personaje, conociendo lo que ha vivido, y si ustedes fueran ese personaje, ¿ustedes con quién se quedarían?”.

Víctor Silampa

@santiangelro

** Los comentarios, textos, investigaciones, reportajes, escritos y demás productos de los columnistas y colaboradores de Kienyke.com, no comprometen ni vinculan bajo ninguna responsabilidad a la sociedad comercial controlante del medio de comunicación, ni a su editor, toda vez que en el libre desarrollo de su profesión, pueden tener opiniones que no necesariamente están acorde a la política y posición del portal.