La sociedad de los indignados

La sociedad de los indignados

19 de Enero del 2017

En la ultima década se ha vuelto particularmente común, ver grupos de personas manifestando su indignación principalmente en redes sociales por temas en ocasiones triviales, aunque en otros pocos, de una alta trascendencia, mientras vemos que como sociedad, nuestros problemas fundamentales siguen siendo parte de nuestro paisaje, de tal suerte que podríamos llegar a pensar que esas manifestaciones, en algunos casos viscerales, no han servido para combatir la causa o motivación de dicho fenómeno, por el contrario ha exacerbado los ánimos y ha acrecentado las divisiones, amen de que en esta país las emociones abundan y se aumentan gracias al fenómeno de masas y a la “viralización” de noticias.

Basta con una hábil estrategia de motivación de pasiones, para que hordas de personas se movilicen hacia ciertas causas, en ocasiones, sin reflexionar mucho acerca de lo justa o necesaria, hay que hacer parte de la movilización.

Recuerda este fenómeno, otros fenómenos de masas similares, en los que priman las emociones y poco la razón, una conducta de tipo homo irrationalis dominada por el impulso y el deseo y el cual ha llevado a grupos humanos a “castigar” severamente a quien se cree que ha fallado contra lo socialmente esperado, una forma de aparente justicia inmediata que lleva a que se crea falsamente que se esta haciendo lo correcto y que es el deber ser.

Ante hechos sociales repudiables como el abuso sexual de menores, una respuesta habitual es la reacción violenta y primitiva de venganza disfrazada de justicia, que por su intensidad, solo dura el momento de exaltación, sin embargo, se esperaría que la indignación pueda ser tramitada socialmente y convertida en cambios profundos dentro de nuestra estructura social, es decir; si estamos indignados con nuestra clase política, que eso se vea reflejado en las siguientes elecciones, pero por el contrario, lo que ocurre es una legitimación de la lógica social de “es mejor malo conocido que bueno por conocer”, lo cual nos ha llevado a repetir incesantemente nuestra lógica electoral y ciudadana que nos tiene estancados como sociedad y que ademas ha perpetuado las dinastías y los cacicazgos, al punto de validar una misma acción en unos mientras la misma acción se condena y se reprocha en otros.

El año anterior fue un año de movilizaciones en Colombia, protestas que iban desde reclamos mas que justificados por las desigualdades sociales generadas en nuestra población campesina, hasta algunas inverosímiles, como la multitudinaria movilización alrededor de unas cartillas que casi nadie leyó y que fueron capitalizadas por aquellos que en sus intereses estaba justamente la movilización y la indignación.

Con todo esto, es fácil entender que el problema principal no es la indignación o la movilización como tal, el problema fundamental, en mi concepto, se divide en dos:

Por una parte tenemos una indignación poco reflexionada, motivada mas por pasiones y emociones temporales, que por el juicioso análisis y reflexión de la problemática como tal, mientras que por otra parte tenemos la temporalidad de la movilización, ya que la indignación dura muy poco mientras que los problemas si duran mucho.

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