Pasemos la página

Pasemos la página

1 de Febrero del 2017

Todo es posible en este mundo de hombres superfluos. Decía Brecht que los refugiados eran mensajeros de malas noticias, y Arendt explica que es así porque llevan consigo no sólo la desgracia de su país sino la gran desgracia del mundo entero.
Basta con ver la foto de un niño sirio ahogado en una playa de Turquía, o las imágenes de largas colas de afganos, sirios e iraquíes para obtener un plato de comida en lugares donde las temperaturas oscilan entre los 20° y los 40° bajo cero. Y los gobiernos cierran sus fronteras, y aquí, al lado, Trump refuerza un muro visible e invisible contra los latinos, mientras los millones de espectadores del “Gran Hermano” observamos.
Recuerdo “Requiém” de Anna Ajmátova: “pero la esperanza siempre canta a lo lejos”, y del poema “A la Posteridad” de Bertolt Brecht: “Claro que vivo en tiempos oscuros!”
Nunca pensamos que en cualquier momento la barbarie podría volver a instalarse; el punto está en que hay quienes creen que pueden salvarse. Pero de ella no ha de salvarse nadie. Es como estar en un metro en Europa, o en un museo, o un simple café y que explote una bomba, o en un aeropuerto norteamericano y que un loco dispare contra todos; o ahí está el calentamiento global amenazando toda forma de vida en la tierra.
Los gobiernos tienen mucha responsabilidad, es cierto, pero los que eligen a los gobernantes también, e incluso en los gobiernos dictatoriales podemos aplicar aquello de que no hay dictador sin masa.
Hay una tendencia de algunos jóvenes que dicen “no me hago responsable”, “todos los políticos son iguales”, “no participo de la política”. Estas posiciones son equivocadas: primero, no todos los políticos son iguales; segundo, muchas de las decisiones que ellos toman en el ejercicio de su función nos afectan a todos; y tercero, esta posición “apolítica” no deja de tener consecuencias políticas.
Los Romanos, un pueblo extremadamente político “empleaba las expresiones ‘vivir’ y ‘estar entre los hombres’ (Inter homines esse ) o ‘morir’ y ‘cesar de estar entre los hombres’ (Inter homines esse desinere) como sinónimos” (véase Hanna Arendt, La condición humana, Cap. I, pág 35). Y para los griegos el poder participar de los asuntos de la polis era una actividad que revestía de una gran dignidad.
Dejemos de lado la paja en el ojo ajeno, y observemos la viga que tenemos atravesada en nuestro ojo. Colombia, el segundo país en el mundo (después de Siria) que ha tenido en años recientes el mayor número de refugiados internos, comenzó este año con más escándalos de corrupción, aumento de los impuestos y más niños que mueren de hambre en La Guajira, entre otros problemas. Este nuestro país, en el que vivimos, al igual que nuestro mundo, no está bien. Ya es hora de dejar de ser espectadores del horror, pasemos la página, hagamos un alto en el camino, dejemos de ser esa masa amorfa que se deja llevar y dialoguemos en pro del país que queremos construir y quienes creemos en la democracia, comencemos a trabajar por un país realmente democrático donde el voto deje de ser una vulgar mercancía.

Coletilla: El pasado fin de año leí un par de libros interesantes; de ellos recomiendo “La corrupción en el poder” de Jorge Robledo.

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