Revivir la furia

Revivir la furia

1 de febrero del 2017

-Ni se te ocurra cruzarte en mi camino, le dijo la psicóloga argentina Virginia Gawel a un antiguo amor que la lastimó durante los años de relación que sostuvieron.

-Pero Virginia, vos que ejerces una psicología espiritual todavía no me has perdonado. Todavía estás enojada conmigo. Vos tenés que hacer la practica del perdón, le reclamó el muy caradura.

-Un momentico, espera. Espera, a mi no me vengas a decir lo que tengo que hacer, me encanta seguir enojada con vos, no pienso desenojarme. Y, además, sólo me enojo si vos apareces por mi vida. Así que, primero, no me digas lo que tengo que hacer y, segundo, no me digas que me desenoje ni que te perdone, le respondió Virginia.

Ante tanta palabrería que se dice sobre el perdón y la reconciliación da gusto escuchar de una experta en el asunto, cuando se trata de ella misma como victima, responder de forma tan enérgica a la zalamería de quien luego de encantarla ejerció hábilmente su papel de victimario durante varios años.

Pretenden que aprendamos a perdonar a quienes han hecho inmenso daño a los colombianos y que dejemos en el olvido todos sus crímenes. Ojala llegáramos a admitir que nos encanta seguir enojados, furiosos, emberracados, embejucados, emputados con esos asesinos y no permitir que con sus falsos gestos de paz nos dejen fascinados, encantados, hipnotizados para quedar a merced de ellos.

Pero me temo que en ese plan estamos. Hemos dejado enfriar nuestra rabia y nos encontramos hipnotizados. Bernardo Atxaga relata en uno de sus libros que “cuando la serpiente mira al pájaro, el pájaro se ciega, y el pequeño retazo de mundo que tenía ante sus ojos hasta ese preciso momento -algunos árboles, un par de tejados, el camino, el azul del cielo- se le nubla bruscamente. Como ocurre con los pañuelos de los magos de las ferias, en un instante ahí mismo lo tiene todo: los colores, el movimiento, la luz. En el siguiente, en cambio, todo ha desaparecido, no podría sentirse sino un negro vacío.”

Ese negro vacío es al que nos quieren llevar con tanta jugarreta. Arman un escandalo acá y otro allá y se aplauden entre ellos por los logros de su falsa paz mientras que el ilegitimo presidente se pavonea por el mundo e invita a dignatarios desprestigiados y a premios Nobel para satisfacer su inmensa vanidad y darse ínfulas con quienes desconocen su verdadera naturaleza… porque de sus compatriotas solo recibe un muy merecido desprecio.

Vamos quedando sumisos, alelados y encantados por los trucos del tahúr hasta el punto de terminar presenciando impotentes como lo que quedó sin ningún valor, luego de haber sido rechazado en un plebiscito, un maldito acuerdo de entrega del país a un grupo narcoterrorista, se está implementando ante nuestros ojos enceguecidos que ya no alcanzan a ver con claridad el espantoso panorama que tienen enfrente.

Parecería imposible que la alianza del presidente de la más baja aceptación en la historia colombiana con un grupo criminal totalmente rechazado por el pueblo alcanzara tanto poder. Si no despertamos de ese letargo y revivimos nuestra furia, vamos a ser devorados como el pájaro por la serpiente.

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