Si tuviésemos…

Si tuviésemos…

31 de enero del 2017

Si tuviésemos instituciones, nuestra democracia sería real. Pero el personalismos de los últimos dos mandatarios ha sido nefasto para la independencia de los poderes, el estado de derecho y la lucha contra la corrupción.

Álvaro Uribe, trabajador sin igual, con su estilo de gobierno personalista desdibujaba el aparato estatal. Sus consejos comunitarios eran una forma de democracia directa muy atractiva y popular pero que concentraba en el Jefe del Estado el poder de solucionar todos los problemas que correspondía atender a las instituciones. Los funcionarios públicos hacían lo que Uribe les ordenaba y no se sentían obligados a más.

Santos, perezoso y ególatra, manipula las instituciones para lograr su reducida agenda de gobierno. Las instituciones no le importan pues la controla con mermelada, presiones o colocando incondicionales a los que todos les tolera y permite. Sus gabinetes están llenos de áulicos mediocres que se sienten protegidos por el poder ilimitado de quien controla a su antojo, el Congreso, las Cortes, los organismos de control, los gremios y la prensa.

Si tuviésemos instituciones, el triunfo del No habría producido la renuncia del presidente y el respeto de la sagrada voluntad popular.

Si tuviésemos instituciones, un tema tan delicado como el hakergate habría recibido atención prioritaria por parte del sistema judicial para aclarar si se robaron las elecciones del 2014 con triquiñuelas y mentiras.

Si tuviésemos instituciones, el sistema judicial actuaría en casos como el de Reficar, los miles de contratos de mermelada,  la corrupción desenfrenada en las alcaldías y gobernaciones, las mafias de la alimentación escolar, la contratación directa, las licitaciones con un solo proponente, el derroche de recursos en viajes y en la diplomacia, los gastos excesivos de publicidad y los contratos a los amigos del gobierno.

Si tuviésemos instituciones hace rato que se habría intervenido el ICBF, fortín politiquero como ninguno, que ha sido incapaz de frenar la muerte de niños por desnutrición en la Guajira.

Si tuviésemos instituciones, la libertad de prensa no habría sido manoseada por los dueños de los medios de comunicación a cambio de jugosos contratos publicitarios.

Si tuviésemos instituciones en Congreso no habría entregado su función legislativa a cambio de presupuestos para las mafias regionales.

Si tuviésemos instituciones las Cortes no serían de bolsillo por cuenta de nombramientos o favores para familiares y amigos.

Si tuviésemos instituciones no seríamos una república bananera corrupta sino una democracia real.

Miguel Gómez Martínez

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