Fidel Castro: el hijo de terrateniente que revolucionó a un país

Fidel Castro: el hijo de terrateniente que revolucionó a un país

25 de noviembre del 2016

En una de las excepcionales ocasiones en que Fidel Castro decidió confesar detalles de su vida, no pudo dejar de describir con entera emoción y nostalgia el lugar donde su historia comenzó. Se lo dijo al escritor y periodista español, Ignacio Ramonet, al puro comienzo de largas conversaciones que sostuvieron entre 2003 y 2005. Quizá a nadie, ni a sus compañeros de campaña revolucionaria o sus amigos de toda la vida, les habría hablado con tan pormenorizados detalles de su infancia, juventud y presente. Ramonet terminó transcribiendo los secretos del comandante en el libro “Cien horas con Fidel”, un éxito literario en 2006.

Lea también: Cuando Fidel Castro prohibió la música de Celia Cruz

Recordó entonces que nació en una finca en Birán, un corregimiento de la provincia más oriental de la isla, cerca al complejo azucarero de Marcané. Era campo, habitado por casas aisladas comunicadas por rústicos caminos de fango, tierra y piedra. “Se iba a caballo o en carretas de bueyes. No había todavía vehículos motorizados. Ni siquiera luz eléctrica había. Cuando yo era pequeño nos alumbrábamos con velas de cera y lámparas de aceite”, describió.

La casa fue hecha por su padre, Ángel Castro Argiz, un inmigrante español de origen más bien gallego. Las construcciones en el lugar de donde venía Ángel Castro solían ser viviendas con un primer nivel edificado sobre pilotes, para que allí hubiera espacio para un establo. “Mi casa se inspiraba de aquella arquitectura de Galicia porque estaba edificada sobre maderos. Tenía unos pilotes de más de seis pies, que era la costumbre en Galicia. Yo recuerdo que, cuando tenía 3 o 4 años, las vacas dormían debajo de la casa. Se llevaban allí al anochecer, y debajo de la casa dormían. También allí se ordeñaban, amarrándolas a algunos de los pilotes. También había, igual que en Galicia, debajo de la casa, un corralito con cerdos y aves, por allí se paseaban gallinas, patos, gallinas de guinea, pavos y hasta algunos gansos”.

Fidel Castro, Kienyke

Su mamá, Lina Ruz, era cubana pero hija de inmigrantes españoles también. De cualquier forma, la pareja era de origen campesino y pobre. Lina murió en agosto de 1963, tres años y medio después del triunfo de Fidel en su revolución, y Ángel en octubre de 1956, tres años antes de la victoria.

Fidel nació el 13 de agosto de 1926 a las dos de la madrugada. Se acostumbró al trabajo del campo y se fijó como su papá iba a amasando bajo su dominio una gran cantidad de tierra, convirtiéndose en uno de los principales latifundistas de la provincia de Holguín. “Llegó a adquirir alrededor de unas 900 hectáreas que eran propiedad de él, y después arrendó varias miles de hectáreas a unos descendientes de dos generales cubanos de la guerra de Independencia, que nadie sabe todavía de dónde las sacaron. Enormes extensiones de pinares, vírgenes la mayoría… Esas tierras se extendían por valles y montañas”, le contó Castro a Ramonet.

Pero sonaría paradójico que el padre del comunismo cubano se ufanara de la riqueza de su familia. Castro Ruz siempre negó ser de cuna dorada. “De mi padre nunca se dijo que era millonario. En aquellos tiempos, millonario era algo colosal, alguien que tenía realmente mucho dinero. Millonario, por ejemplo, en esa época en que un trabajador ganaba un promedio de un dólar diario, era aquel que tenía un millón de veces lo que una persona ganaba en un día. Las propiedades de mi padre no se podían evaluar a un precio tan alto”.

De su infancia en Birán obtuvo un carácter de constancia y rebeldía. Sus estudios escolares coincidieron con el primer mandato de Fulgencio Batista y la Segunda Guerra Mundial. “Todo eso influyó sin duda en mi formación, pero sobre todo influyó mucho en el devenir y el desarrollo de las fuerzas políticas y revolucionarias. Porque también, a finales de los años 1930, habían surgido los famosos frentes populares”.

Su conversión en activista y reaccionario fue hasta la Universidad. Estudió Derecho en la Universidad de la Habana gracias al apoyo económico de su padre. Terminó sus estudios en 1950, cuando cumplía 24 años de edad.

Durante sus estudios tuvo la oportunidad de viajar a Colombia, en 1948. Coincidió en su camino con una revuelta ajena y lejana para el cubano común: el Bogotazo. “Yo aún no había cumplido los 22 años. Gaitán era una esperanza. Su muerte fue el detonante de una explosión. El levantamiento del pueblo, un pueblo que busca justicia, la multitud recogiendo armas, la desorganización, los policías que se suman, miles de muertos. También me enrolé, ocupé un fusil en una estación de policía que se plegó ante una multitud que avanzaba sobre ella. Vi el espectáculo de una revolución popular totalmente espontánea”.

Poco después, en 1952, vivió con indignación el segundo golpe de Estado de Batista. En ese momento Castro era candidato a diputado por la provincia de La Habana y, por la brusca toma del poder del militar, las elecciones quedaron anuladas. El hecho dejó una espina incómoda sobre la piel de Fidel, quien decidió prepararse para tumbar al dictador.

Castro le confiesa al periodista español que el panorama político lo radicalizó. “…adquirí una conciencia política más radical y sabía cada vez más sobre Marx y Lenin. También leía a Engels y además muchas obras filosóficas, pero principalmente las políticas, las concepciones políticas, las teorías políticas de Marx”.

El disidente reclutó a unos 1.200 hombres con miras al famoso asalto al cuartel Moncada. “Aquel “Movimiento”, que no se inició con el propósito de que por nuestra cuenta hiciéramos una revolución, sino a partir de la premisa de que todo el mundo se reuniría para volver a la situación anterior al 10 de marzo. Yo pensaba que todo el mundo se iba a unir para liquidar la tiranía de Batista. Para mí estaba claro que había que derrocar a Batista mediante las armas y volver al régimen constitucional”.

El operativo fue un hecho determinante de su vida, a pesar del fracaso. Para la Moncada se llevó solo a 160 hombres. Fidel hizo la guerra con una escopeta belga calibre 12. El ataque fue ejecutado con cuarenta que se tomarían la base, 120 que prevendrían el contraataque y otros 90 que entrarían cuando la edificio hubiera caído del todo. La bravía del enemigo no era la esperada y el asalto no fue tan sorpresivo. Castro se entregó y fue condenado a 15 años de prisión en la Isla de Pinos, de los cuáles cumpliría dos antes de huir al exilio.

Al llegar a México conoció a Ernesto ‘Che’ Guevara. El hombre cautivó al cubano por sus anécdotas de viajes en motocicleta por el sur del continente y sus pericias en las selvas del Perú y Colombia. “Él tiene la simpatía de la gente. Era de esas personas a quien todos le toman afecto inmediatamente, por su naturalidad, su sencillez, por su compañerismo, su originalidad, y por todas sus virtudes”.

Fidel estaba por cumplir los 29 años cuando se encontró con el ‘Che’. Su hermano menor, Raúl, ya había tenido la oportunidad de conocerlo. Fidel estrechó la mano de quien sería su compañero de lucha una noche de julio de 1955, en la casa de una cubana llamada María Antonia González.

La lucha por Cuba continuó cuatro años más. El 31 de diciembre de 1958 consiguen la huida de Batista y un día después, el 1 de enero de 1959, proclaman el triunfo de la revolución. “Yo había planteado que no aspiraba a la Presidencia. Una demostración de que no luchaba por intereses personales. Buscamos un candidato, y escogimos a un magistrado que se había opuesto a Batista, que había absuelto a los revolucionarios: Manuel Urrutia”. Castro asume como primer ministro hasta el 3 de diciembre de 1976 cuando fue electo presidente de Cuba, el máximo cargo del gobierno que ocupó hasta el 24 de febrero de 2008 debido a sus deterioros de salud.

alt fidel castro cuba

De hecho fue desde mediados de 2006 que los isleños evidenciaron el decaimiento de su comandante. Una afección intestinal hizo que desde entonces delegara el poder en su hermano Raúl. En febrero de 2008, Fidel anunció que de forma definitiva dejaría de ejercer la presidencia de la Mayor de las Antillas y desistiría de su dignidad de ser el “comandante en jefe de la revolución”. Desde entonces se redujeron sus apariciones públicas y el enigma sobre su salud nunca era aclarado por las autoridades.

En las largas horas de charla con Ramonet, Fidel Castro se sinceró. “He estado pensando a ver de qué me puedo lamentar, algo de lo que pueda arrepentirme. He cometido errores, pero ninguno es estratégico, simplemente táctico. Uno se lamenta de muchas cosas, a veces en un discurso incluso… Pero no tengo ni un átomo de arrepentimiento de lo que hemos hecho en nuestro país y de la forma en que hemos organizado nuestra sociedad”.

El escritor europeo, que compartió tanto con Castro como pocos en la historia lo han hecho, describió haber conocido a un Fidel “íntimo, casi tímido, bien educado y muy caballeroso, que presta interés a cada interlocutor y habla con sencillez, sin afectación. Con modales y gestos de una cortesía de antaño, siempre atento a los demás, y en particular a sus colaboradores, a sus escoltas, y que nunca emplea una palabra más alta que la otra (…) Pocos hombres han conocido la gloría de entrar vivos en la historia y en la leyenda. Fidel es uno de ellos. Es el último “monstruo sagrado” de la política internacional”.