Se derrumba la patraña contra Alexandra Garcés

Se derrumba la patraña contra Alexandra Garcés

31 de Enero del 2017

Bastaron un par de preguntas claras, precisas y bien hilvanadas para que  en el Juzgado Segundo Seccional de Cali, entre un expectante silencio, se pusiera al descubierto  una mentira sostenida  durante seis años por un pretendido testigo –Jorge Guzmán Sánchez—  para acorralar judicialmente al exministro y expresidente de Ecopetrol Antonio  Urdinola y a la empresaria Alexandra Garcés Borrero y así forzar a esta última a vender  una de las más más promisorias tierras  para la siembra de caña de azúcar de Colombia,  conocidas como Ingenio Papayal.

De esta manera, en una audiencia pública que demoró  5 horas y 22 minutos, empezó el fin  del infierno en que se habían convertido  las vidas de un hombre conocido en el ámbito nacional por sus actividades en el servicio público como ministro de Hacienda  y la de una mujer que,  aunque joven, ya era líder en el complejo mundo empresarial y se destacaba por su activa participación en política. Ciertamente, fue en un simple abrir y cerrar de ojos que el  exitoso mundo de Antonio José Urdinola y Alexandra Garcés Borrero se les volteó para el lado del infierno.

Así, a Alexandra, perteneciente a una de las familias empresariales más prominentes del país, se le truncó de un tajo el liderazgo que había conquistado en el sector empresarial y académico:

El periodista Enrique Vásquez, quien desde hace varios años viene siguiendo el caso, me contó “la novela”.

-Un opaco personaje que fungía como el hombre de confianza, como el emisario de sus asuntos personales y los rutinarios de sus negocios, como un especie de valet de  Jorge Adolfo Garcés, se encegueció de la  ira porque éste,  en las angustias de su próxima muerte por el cáncer pulmonar que lo afectaba,  pasó por alto la intención de regalarle una finca. Y se prestó para el montaje de una patraña judicial que durante varios años sumió en el desespero y desconcierto  tanto a Antonio Urdinola como a Alexandra Garcés, quienes fueron esposos durante trece años.

Desde luego,  estos personajes, triunfantes uno en el sector público y el otro en la actividad privada, daban para el montaje de un escándalo teatral de enorme  fuerza mediática pero que al final no fue más que una simple opereta, aunque tuvo en principio condición de tragedia. Y que en todo caso tuvo una sola trama: la avaricia para hacerse a las ricas tierras de Papayal, sin que importara avasallar la ley.

El origen de todo

Los líos jurídicos arrancaron tras la muerte de Jorge Garcés A., y radican en un contrato firmado en los años 90 mediante el cual  la administración de las cañas de Papayal la haría Invercauca empresa fundada por éste y heredada por su hija,  hasta la asignación de la hijuelas.

Sin embargo María Antonia y María Cristina Garcés, tías de Alexandra Garcés, sostuvieron ante la Fiscalía 4 Seccional de Cali que dicho contrato no era auténtico y que  Jorge Garcés y su yerno, el ministro Antonio Urdinola, lo usaron para embargar las cañas, cometiendo fraude procesal y falsedad en documento privado y público,  acusaciones que fueron aceptadas por la Fiscalía 3 Delegada  ante el Tribunal Superior de Cali, que además las  amplió a  concierto para delinquir y cohecho del cual supuestamente participaron el exministro Urdinola y Jorge Garcés.

Por décadas este contrato respaldó la venta de caña por parte de invercauca a todo el sector azucarero sin que hubiera  duda de su autenticidad. Autenticidad rubricada por las mismas hermanas, como se comprobó mediante un examen grafológico.

Alexandra Garcés, poseedora de un arrojo y una claridad mental para enfrentar los desafíos de la vida que no solo le despiertan admiración sino también no pocas envidias,  comenzó la batalla jurídica por donde era: acopió pruebas que demostraban que las hermanas de su padre se lucraban del producto de las ventas de caña hechas por Invercauca y se las entregó  a la Fiscalía 2 Especializada y a la Fiscalía 4 Seccional de Cali. Además, que ni ella ni Urdinola  firmaron ni participaron en dicho contrato, cuya validez fue ratificada en  2009 por el apoderado legal de las hermanas Garcés Arellano ante el Juez 13 de Cali.

Tampoco los ataques físicos a su propia humanidad como a sus propiedades –de hecho le chuzaron sus teléfonos, le montaron seguimientos satelitales, le envenenaron perros, le invadieron, con casi 40 hombres armados para una guerra, su ingenio Papayal mientras con argucias suspendieron muchas citaciones ante los respectivos juzgados y se hicieron extraños movimientos de jueces— han podido acallarle la denuncia que ha hecho en la prensa y en los mismos estrados judiciales: el cuestionamiento de ese contrato es para quitarle la administración de los cultivos de caña a Invercauca, con el fin de cerrar esta empresa y así poder vender las tierras de Papayal en contra de su voluntad.

El testigo estrella

En noviembre de 2010, Jorge Guzmán Sánchez, el hombre de confianza durante más de 40 años (con algunos años de interrupción) de Jorge Adolfo Garcés, declaró que éste le entregaba 7,5 millones de pesos quincenales al secuestre del ingenio azucarero para que lo dejara seguir manejando el dinero de las ventas de la caña embargada. Y, lo más grave, afirmó que parte del dinero era para la jueza que había ordenado el embargo de los cultivos. Además, durante la audiencia pública del pasado 27 de octubre,  dijo que él mismo diligenciaba la entrega del dinero a la funcionaria.

Cuando los abogados de Urdinola y Garcés le preguntaron sobre cómo hacía la entrega de aquel dinero, ni siquiera fue claro en describir las característica estructurales del despacho de la jueza y mucho menos precisó sus rasgos faciales (color del pelo, si era corto o largo, etcétera) y se enredó en un madeja de contradicciones al punto que sus palabras las entrecortaba con largos silencios mientras hundía la cabeza en la tapa del escritorio donde estaba sentado y movía brazos y manos sin saber para qué.  Ahí comenzó a dejar de ser el “testigo estrella” que  José Freddy Restrepo, fiscal especializado de Cali, llevó a los estrados para destruir a los acusados.

De aquel hombre seguro en sus respuestas al interrogatorio de fiscal Restrepo quedó poco o nada y más bien se fue transformando en alguien acorralado y descubierto en sus mentiras ante las preguntas sencillas y sin suspicacias de la defensa, que por cierto en muy contadas ocasiones fueron desechadas por un “no ha lugar” de la juez.

En un principio, Guzmán había “explicado” cómo  Jorge Garcés  y su yerno, Antonio José Urdinola, se habían confabulado para manejar la producción del ingenio, aun después de que fuera embargado por el pleito familiar. Pero cuando  le preguntaron si esto significaba que habían montado una empresa criminal, respondió “jamás, jamás, jamás”. Y contra lo que había venido diciendo sobre la personalidad y conducta de Jorge Garcés, Jorge Gasca y Alexandra Garcés afirmó que eran personas honestas y trabajadoras.

Y como ya se preveía, el desenlace de la audiencia pública no podía ser sino este:  Cuando uno de los abogados defensores le preguntó sobre  si era cierto su afirmación de pagos ilegales a una juez, respondió:

“Mentí, su señoría”

Un “Mentí, su señoría” que como un tremendo explosivo pulverizó el propósito “estrella” de quienes manipulan  como marioneta a Jorge Guzmán Sánchez para facilitar la venta de las tierras de Papayal: encarcelar a la empresaria Alexandra Garcés, porque con ella libre e Invercauca operando. la venta no es posible.

¿Y quiénes le montaron esta trama? Sorpresa: las hermanas de Jorge Adolfo Garcés, quienes enfilaron baterías para la venta de estas tierras.

* Los comentarios, textos, investigaciones, reportajes, escritos y demás productos de Edgar Artunduaga de la sección Sal y Dulce de Kienyke.com, no comprometen ni vinculan bajo ninguna responsabilidad a la sociedad comercial controlante del medio de comunicación, ni a su editor, toda vez que en el libre desarrollo de su profesión, pueden tener opiniones que no necesariamente están acorde a la política y posición del portal.