Sexólogo explica los riesgos de dar los besos más sucios del sexo

Sexólogo explica los riesgos de dar los besos más sucios del sexo

2 de noviembre del 2016

Cada quien disfruta del sexo como quiere, hay quienes disfrutan solo de ser pasivos, muerde almohadas, vacas muertas, activos, sádicos, masoquistas… Etc. También están aquellos a los que les gusta probar y/o experimentar de todo, a estos se les podría llamar los ‘todoterreno’, personas a quienes dar alguno de los tres besos más sucios del sexo no les importaría, pero entre gustos no hay disgustos y menos en el sexo.

¿Y cuáles son esos besos? Pues bien, el beso del payaso, el beso negro y el beso blanco. Quienes no conozcan estos besos sucios, tranquilos, aquí se les va a explicar en qué consisten y cuáles son sus riesgos.

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Besos más sucios del sexo

1. El beso del payaso: Este no es el nombre oficial de este beso, pero es una forma un tanto ‘callejera’ de llamarlo. Consiste en practicarle sexo oral a una mujer mientras tiene la menstruación. Para algunos puede sonar asqueroso, pero no falta el que tenga ‘complejo de vampiro’ y disfrute de realizar este beso.

La sangre es escandalosa y el acto de lamerla trae a la cabeza cientos de enfermedades, sin embargo, para el  médico sexólogo español Carlos Pol Bravo esto no son más que puras habladurías.

“Pensar en que la menstruación es mala no es más que una transculturalidad negativa, en especial porque en los libros sagrados se habla de la impureza de la mujer durante su ciclo menstrual y todo eso (…) Lo cierto es que a menos que la mujer esté contagiada con una gonorrea, sífilis o alguna enfermedad de transmisión sexual, este acto no es peligroso. Por supuesto, también se debe tener muy buena higiene pero en general una enfermedad concreta no existe”.

2. El beso negro: También conocido como el beso anal y no se necesita más explicación. Lamer el ano puede ser un acto bastante placentero puesto que esta zona está llena de terminaciones nerviosas, lo que la hace más sensible y por supuesto, más excitante. Pero si ya de por sí la penetración sin condón es riesgosa, imagínese besar el ano.

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“En este acto son importantes tres cosas, primero que la persona que es besada no posea una patología infecciosa venérea, que la persona que da el beso no tenga heridas en la boca por las cuales puedan entrar infecciones, y tercero la zona debe estar acompañada de una excelente higiene”, dice Carlos Pol.

El doctor resalta que el ano es una zona con presencia bacterias y parásitos y al momento en que la lengua entra en contacto con ellos generará diarreas, granos en la boca o infectar con hepatitis, herpes, sida y otras enfermedades de transmisión sexual a la persona que da el beso. Pero también afirmó que no hay riesgo si la persona está sana y la zona completamente desinfectada.

Es obvio, pero no sobra decir, que una vez dado el beso negro es absolutamente necesario lavar al boca. Lamer el ano y luego besar a la pareja también puede transmitir bacterias y enfermedades.

Como menciona el experto, “los compañeros de la sensualidad son el agua y el jabón. Y el amante del erotismo es el perfume, porque los perfumes tienen alcohol y por tanto desinfectan”.

Para los que deseen dar en algún momento de su vida el beso del payaso o el beso negro pero sin tener contacto directo con la zona, se recomienda usar láminas de látex o cortar un condón por la mitad para que quede como una tela y ubicarla sobre el área para empezar a lamer.

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 3. El beso blanco: Esta práctica sexual consiste en hacerle sexo oral a un hombre y que eyacule en la boca de una persona, esta retiene el semen en su boca y le da un beso a un tercero, quien termina por recibir el fluido y tragarlo. Aunque, también se puede pasar el semen a la misma persona a la que antes se le había practicado la felación.

Al igual que en los casos anteriores, si la persona está infectada con alguna enfermedad se lo transmitirá a quien le esté haciendo la felación y por lo tanto esta a la otra persona. Es algo que va en cadena. “El hecho aquí es que todas las personas del trío estén sanas. Vale la pena preguntarse entre sí si han tenido enfermedades como hepatitis b (…) y tener una orientación para una acción posterior”, puntualiza el sexólogo.